Historias felices

¡GRACIAS FAMILIA!

¡GRACIAS FAMILIA!

Siempre hemos sentido la necesidad de contar nuestra experiencia y que ésta sirviera para animar a tantas parejas que están viviendo lo que nosotros vivimos.

Nos habéis hecho los regalos más maravillosos que se puedan desear; nuestras vidas dieron un giro radical gracias a vuestro esfuerzo y dedicación.

Primero hace ya seis años con Violeta y Alonso y ahora, hace tan solo tres meses con nuestra pequeña Sara.

No podemos daros las gracias porque nos quedaríamos demasiado cortos. Nunca podremos dejar de deberos todo, porque nos habéis ayudado como nadie sabe.

Esto es solo un detalle para mostraros nuestra gratitud. Gracias a todo el equipo de Clínica Tambre.

Gracias Familia.

Un abrazo de vuestra Familia
Familia Torres-Zapata 2016

CASO DE ESTERILIDAD SECUNDARIA

CASO DE ESTERILIDAD SECUNDARIA

Esta es una historia real de esterilidad secundaria, una circunstancia que se da cuando una pareja que ya ha tenido un hijo o más y que no alcanza un nuevo embarazo después de haberlo intentado por lo menos durante dos años.

A los 32 años, que era un buen momento para ser padres.

Por las experiencias de amigos y familiares creímos que sería difícil conseguirlo pronto, así que nos lo tomamos con tranquilidad. La sorpresa fue cuando a los dos meses, ya estaba embarazada. Hasta ese momento nunca había estado demasiado pendiente de mis días de ovulación y de hecho no nos hizo falta.

Tres años después nos planteamos repetir la experiencia y seis meses después aún no lo habíamos conseguido. Empezamos a controlar los días de ovulación pero no conseguimos el ansiado embarazo. Acudimos al ginecólogo y nos comentó que podíamos empezar con unas sencillas pruebas de fertilidad; para mí análisis hormonales que medirían mi reserva ovárica y controlarían la ovulación y para mi pareja un análisis de semen.

Cuando acudimos a la consulta del ginecólogo, nos comentaron que no ovulaba y que era necesario acudir a un centro de reproducción asistida para que nos completaran el estudio. Nos pusimos a buscar clínicas en Madrid y un día cuando comentamos a unos amigos nuestro problema, nos confesaron que su bebé había nacido gracias a un tratamiento de reproducción asistida que habían realizado en Clínica Tambre.

Decidimos depositar nuestra confianza en el equipo de Clínica Tambre con el doctor Caballero Peregrín a la cabeza.

Mi pareja se realizó el seminograma y la sorpresa fue que tenía Oligoastenoteratozoospermia.

Superado el momento de saber que las posibilidades de conseguir un embarazo nosotros solos, eran escasas, ya que había pocos espermatozoides, se movían mal y había poca concentración de ellos; nos pusimos en manos de todo el equipo de Clínica Tambre, para realizar el tratamiento de fecundación in vitro.

Mentiría si dijera que realizar el tratamiento fue fácil.

Debíamos acudir unos determinados días a realizar controles ecográficos y hormonales. Durante ese tiempo debía pincharme todos los días medicación para hacer trabajar un poco a mis óvulos, pero el trato recibido por todo el personal de la clínica hizo que todo fuera más llevadero. Los médicos que me atendieron en las consultas y en el quirófano, siempre resolvieron todas nuestras dudas y nos informaron de la evolución de nuestro tratamiento.

Las enfermeras siempre amables nos ayudaron en más de una ocasión a ponerme correctamente la medicación.

En cuanto a los biólogos, con su labor silenciosa supieron seleccionar a los mejores embriones para que nueve meses después pudiéramos tener en nuestros brazos a nuestro segundo hijo.

Una vez más Clínica Tambre, especializada en reproducción asistida en Madrid cumplió con uno de sus lemas “Trabajamos por tus sueños”.

NIEVES LLEVA VUESTRA SONRISA

NIEVES LLEVA VUESTRA SONRISA

Pero siempre, siempre que acudíamos a la clínica nos encontrábamos lo mismo: amabilidad, sonrisas, esperanzas... y nuestras manos se unían y se apretaban con más fuerza aún.

Hace ya casi dos años que acudimos mi mujer y yo a vuestra clínica. Varios años intentando ser papás sin conseguirlo, un inicio de tratamiento frustrado por problemas burocráticos en otra clínica, la amenaza del tiempo, la edad y las pocas esperanzas que nos quedaban iban juntas en la misma carpeta en la que llevábamos toda la documentación que teníamos en ese momento.

Nuestra primera visita fue si cabe, aún más frustrante; la doctora que nos atendió dio pocas esperanzas debido a la edad de mi mujer, a punto de cumplir los 40, pero tan solo basándose en datos estadísticos… pero no obstante, nos dijo que se pondría todo a nuestro servicio para intentar cumplir nuestro sueño de ser papás, que las estadísticas estaban para romperlas.

Comenzó, de nuevo, un periplo de pruebas tanto a ella como a mí, llamadas a la aseguradora, noches sin dormir con la mirada perdida en el techo de nuestro cuarto y un pensamiento único en nuestra cabeza... ¿lo conseguiremos?

Pero los datos y las pruebas eran las que eran; una edad avanzada y varios años de intentos hacían del nuestro un caso difícil. Empezaríamos con inseminaciones, para pasar después a una FIV si las primeras no alcanzaran el éxito, como así fue.

Recuerdo los periodos de tiempo que se hacían eternos entre una prueba y otra, entre una inseminación y el test y eso iba pasando factura, no económica, que también, sino psicológica… a mi mujer y a mi cada vez nos quedaban menos fuerzas, pero siempre brillaba una pequeña luz al fondo de todo.

Recuerdo igualmente mientras se me encoge el alma esa llamada de la Doctora Marbán para decirnos, con el mayor tacto del mundo, que tampoco la primera FIV había salido bien…quedaba tan solo una oportunidad, la última, nuestra última esperanza.

Hasta el momento habíamos agotado dos inseminaciones y una FIV; el tiempo, las fuerzas, el dinero y la esperanza estaban tocando a su fin.

Y llegó el momento de nuestra última FIV… y se hizo y volvimos a casa esperanzados, de nuevo esperanzados, pero con un miedo atroz a que tampoco fuera la buena y si fallaba… ¿después qué?

No sabes cómo, pero esos periodos de tiempo entre pruebas, entre noticias, afectan a tu vida, a tu día a día, a tu pareja, a tu matrimonio… a todo, pero de nuevo las sonrisas del personal de Tambre, desde David en la recepción, al doctor García Enguídanos hacían de nuevo el trámite más llevadero.

Y llegó el momento de la prueba… de la llamada. No recuerdo jamás haber fumado tanto en apenas unas horas esperando la llamada, al igual que no recuerdo jamás haber llorado tanto de alegría cuando me dijeron por teléfono que la prueba era positiva…era incapaz de hablar, solo podía llorar, llorar y llorar… pero en esta ocasión el llanto era de alegría.

Busqué la manera de decírselo a mi mujer, de trasladarle la noticia, pero era incapaz de pensar, de articular palabra…era feliz y mi mujer lo iba a ser también.

La noticia fue maravillosa para toda la familia, y a partir de ahí nuevos miedos, nuevas pruebas, ecos, análisis…lo normal, pero cada una de ellas era aún más angustiosa que la anterior… ¿irá todo bien?, ¿crecerá como debe?, ¿se implantará correctamente?… y todo fue como debía de ir, hasta el alta en la clínica Tambre.

Con otra de sus sonrisas, la Doctora Marbán nos daba el alta, y la verdad es que nos sentimos huérfanos, no queríamos dejar de asistir a la clínica, no creíamos que nadie pudiera tratarnos y llevar nuestro embarazo como lo habían hecho allí… y me juré que escribiría esta carta de agradecimiento, pero ya veis, el tiempo pasó y lo hago hoy, porque más vale tarde que nunca.

Hoy nuestra pequeña Nieves tiene dos meses y medio, crece con normalidad y ríe constantemente; creo sinceramente que esa risa se la contagiasteis vosotros, pues no hubo un solo momento en el que nos faltara una sonrisa por vuestra parte.

Dicen que con dinero todo se consigue pero señores míos, hay cosas que ni todo el dinero del mundo puede pagar, y es la profesionalidad, el saber estar, y el buen hacer que absolutamente todo el personal de la clínica demostró con nosotros.

Quiero haceros llegar estas líneas para agradeceros, de todo corazón el trabajo realizado: a David, por su enorme sonrisa al recibirnos cada vez que llegábamos, a la Doctora Marbán por su tono amable y esperanza, a la Doctora García de Miguel por su dulzura y su sonrisa, al Doctor Garcia Enguídanos por su tacto y educación, y al resto de personal que nos atendió en uno u otro momento, auxiliares, enfermeras, celadores, personal de administración… seguid así, hacéis felices a mucha gente.

Nosotros por nuestra parte seguiremos, si Dios quiere, disfrutando de nuestra pequeña Nieves, una niña que lleva un poquito de cada uno de vosotros, pero sobre todo, lleva vuestra sonrisa.

Eternamente agradecidos
Damián y Rosa

MARISOL, LA NIÑA QUE VINO DEL FRÍO

MARISOL, LA NIÑA QUE VINO DEL FRÍO

Me llamo Marisol y nací hace 6 meses de un ovocito vitrificado.

Mi madre me ha contado que llevaba mucho tiempo esperándome. Está tan feliz, que a veces pienso si no dejará volar su imaginación y me está contando un cuento para que me duerma, o es la verdad, tan linda, que ya quiere que conozca y me habla para que nunca la olvide. Pero ella nunca me mentiría: soy lo que más ha deseado en el mundo y quiere que conozca mis orígenes.

A veces, cuando cree que duermo (los mayores no se imaginan que los bebés podemos hacernos los dormidos), se para, y me mira muy largamente, como si quisiera retenerme dentro de sus ojos para siempre. Y a mi me gustaría no crecer, para que siempre me recuerde así de pequeña. Pero, en fin. Tendremos que acostumbrarnos la una a la otra y con ello a nuestros cambios.

Mi madre me ha dicho que no tengo papá, pero como ella me deseaba tanto, y en realidad, no lo necesitaba, acudió a que le ayudaran en su sueño de ser madre. En principio pensó que solamente necesitaría que le donaran los espermatozoides del padre que no tengo y que con una inseminación se arreglaría. Pero le dijeron que, aunque ella no es mayor aún, sus óvulos habían envejecido antes de tiempo, y sería muy difícil conseguir un embarazo con ellos. Así que, la opción era la donación de ovocitos junto con la de semen. Yo creo que ahora ella lo cuenta como si tal cosa, pero estoy segura de que debió de sufrir. Tardas en decidir algo tan importante como tener un hijo y convertirte en la mamá de alguien distinto a ti. Pero si te dicen además que no va a provenir de ti, supongo que hay que asimilarlo.

Sin embargo, también me ha contado que, después de pensarlo detenidamente llegó a la conclusión de ¿qué es una célula? ¿qué importa si esa célula no es mía, si yo voy a ser la que te tenga en mi vientre, alimentándote de mi sangre, creciendo dentro? Y entonces tomó la decisión de forma irrevocable.

Entonces le hablaron de ovocitos que habían donado, y que estaban congelados a la espera de su adopción. Le dijeron que estaban “vitrificados”, es decir, congelados a muy, muy, bajas temperaturas, con una técnica que, según parece, ofrece muy buenos resultados y de la que ya hay muchos niños nacidos en el mundo.

Así que mi madre dijo que sí. Aceptaría los ovocitos vitrificados.

Mi madre no preguntó por la donante. No le importaba si era morena, rubia, o de que color tenía los ojos. No le importaba si no se parecía a ella. Mi madre es muy lista, y sabe que la genética no es una ciencia exacta, y que los hijos no siempre se parecen a los padres. Mi madre tiene los ojos oscuros como una noche de verano, y su madre, sin embargo, azules como si fuera la versión diurna. Mi madre no es egoísta. Es la persona más desprendida del mundo (bien es verdad que tampoco conozco a mucha gente todavía). Pero nunca ha querido una copia de si misma, ni intenta enmendar lo que en ella hubiera fallado. Solo me quiere, y ya está. Así de simple.

En la clínica descongelaron en total doce ovocitos y aunque fecundaron diez, y todos se dividieron en embriones, de ellos, al final, se transfirieron los dos mejores. Y uno de ellos resultó que era yo. Me imagino a mi madre esperando las dos semanas después de la transferencia. Supongo que debía estar tan nerviosa que no podría concentrarse en nada. Y, ahora que llevo seis meses conociéndola, me la imagino también en el baño cada poco rato, para ver si le había bajado la regla…. En fin. Entonces aparecí. Y lo único que hacía era, no mirarme, sino explorarme detenidamente: si, tiene cinco dedos en cada mano, cinco dedos en cada pie… es perfecta.

Después de nacer, me ha llevado a muchos sitios. Y me han mirado, la han mirado a ella, y han dicho: ¡Es igualita que tú! Y mi madre me ha mirado con ternura, y ha sonreído. Pero no dice nada. Es nuestro secreto.

Un día, cuando sepa hablar, le preguntaré porqué precisamente, me ha llamado Marisol. Si he venido del frío.