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Retrasamos la maternidad

Retrasamos la maternidad  como hemos presenciado durante la última década, cada vez más. Este no es un fenómeno que se observe únicamente en España sino que es común a otros países de nuestro entorno.

¿Qué motiva que cada vez seamos madres más tarde?

Las razones para este retraso son muy variadas y no solamente dependen de factores económicos como la crisis, aunque si es cierto que este es un factor muy a tener en cuenta. La incorporación de la mujer de forma habitual al mercado laboral, la necesidad de una estabilidad tanto personal como laboral así como las dificultades, en muchas ocasiones, para conciliar la carrera profesional con la crianza o simplemente querer disfrutar de otros aspectos de la vida, son determinantes a la hora de decidirse a dar el paso.

Problemas que nos encontramos

El principal problema es que, biológicamente, la fertilidad femenina no ha evolucionado tal y como si lo ha hecho la mujer en otros aspectos. Cuando nos decidimos a ser madres y hemos entrado ya en los 35-40 años, nos encontramos con que las tasas de fertilidad espontánea han empezado a descender de forma notable.

No hay que olvidar tampoco los riesgos que conlleva un embarazo en una edad más tardía; un mayor número de abortos espontáneos, anomalías cromosómicas, mayor riesgo de diabetes gestacional, hipertensión en el embarazo, prematuridad y bajo peso al nacer.

Cuando llega el embarazo, aún siendo tan deseado, las dudas también alcanzan a la crianza. Es habitual que las mujeres que retrasan su maternidad se planteen distintos temores. Uno de ellos se refiere al estado físico y la salud: ¿seré capaz de afrontarlo? la energía y la vitalidad no es la misma que en mujeres más jóvenes y las demandas de un bebé pueden llevar al agotamiento.

Otro punto es el referido al salto generacional, sobre todo en la etapa de la adolescencia: como afrontar los problemas, en especial de comunicación, que esta fase conlleva cuando hay una distancia en la forma de ver la vida tan marcada.

La sociedad tampoco parece haberse librado aún de los prejuicios y podemos encontrarnos con comentarios poco afortunados sobre nuestra edad y la conveniencia de tener o no hijos, por lo que resulta imprescindible el saber afrontarlos y no siempre podemos estar preparadas.

La decisión

Como puntos positivos, no hay que olvidar que una maternidad madura tiene una serie de ventajas: por lo general, la mujer se encuentra en un momento más estable en su vida, en el cual ha alcanzado una experiencia y una madurez que le hace afrontar la crianza de forma más reflexiva, con una mayor dedicación y paciencia.

Existe un estudio publicado en el 2012 que tras analizar a  nos habla de que los hijos de madres tardías tienen menos problemas de salud en la edad adulta, así como una mayor esperanza de vida. Como explicación parece que tanto el nivel de estudios maternos, alcanzado por las mujeres más mayores, como el número de años que madre e hijos pasaban juntos eran factores que influían positivamente en la salud posterior de los hijos.

Alternativas

Desde la reproducción asistida, la vitrificación de ovocitos se plantea como alternativa para aquellas mujeres que, bien por un problema de salud o bien porque deciden que no es el momento adecuado para ser madres, quieren preservar su fertilidad.

A modo de recordatorio, definimos la vitrificación como un proceso de congelación ultrarrápida, que evita la formación de cristales de hielo que puedan dañar el óvulo al lesionar las estructuras celulares, a diferencia de lo que ocurre en procedimientos de congelación lenta.

Los pasos son los mismos que los de un ciclo de Fecundación in vitro (FIV) y los ovocitos se podrán mantener crioconservados durante el periodo que la paciente desee o necesite, no existiendo una limitación en el tiempo.

Si no se ha podido optar por esta técnica de reproducción asistida y nos encontramos ante una menopausia inminente, con un baja reserva ovárica, una mala calidad ovocitaria o cualquier otro problema que imposibilita el realizar o continuar un tratamiento de fertilidad con ovocitos propios, entonces podemos recurrir a la donación de ovocitos o a la donación de embriones.

La donación de ovocitos es el tratamiento de reproducción asistida por el cual una mujer dona los óvulos a una paciente para que puedan ser fecundados con el semen de su pareja o con semen de donante del Banco de Semen. Por otro lado, en la donación de embriones se transfieren embriones que han sido donados o cedidos por otras parejas de forma anónima, voluntaria y sin ningún interés económico. Los gametos femeninos, los óvulos, provienen de mujeres menores de 35 años.

 ¿Qué es entonces lo más adecuado?

A modo de conclusión hay que decir que la decisión se ha de asumir de forma muy personal. Es importante reflexionar acerca de nuestras propias razones para querer ser madres en el momento que consideremos adecuado, sin dejarnos influenciar por el entorno. Valorar pros y contras de forma meditada pero teniendo en cuenta de que al fin y al cabo el criar a un hijo no depende tanto de la edad sino de que seamos capaces de ofrecerle un entorno adecuado de amor y seguridad.

Mónica Bascuñana Garde

Psicóloga en Clínica Tambre

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